ASUNTOS PENDIENTES

PRIMERA PARTE


Por fin Paula había llegado a la oficina, muy justa de tiempo. Esperando al ascensor, vio que su jefe le estaba clavando la mirada en la espalda, notaba un leve pinchazo. Ya que le gustaba que sus empleados llegasen unos diez minutos antes. Todos sus compañeros ya estaban en sus respectivos puestos de trabajo. Cuando llegó al departamento 3, mesa 15, dejó el bolso encima de la silla, fue a quitarse el abrigo para dejarlo en el perchero. Noto como si alguien la estuviese observando y efectivamente ahí estaba el Señor Francisco clavando su mirada en su espalda.

El perchero se encontraba pegado a su puerta. Me ruborice ya que notaba un terrible calor, estaba notando como se pegaba la camisa al cuerpo. Él, sin cortarse un pelo seguía mirándome, pero su mirada iba bajando poco a poco. Bajo la mirada y vio que la falda estaba más alta de lo normal, así que la bajo hasta dejarla por debajo de las rodillas. Sus miradas se cruzaron. Una sonrisa tonta se fue formulando en la cara de Paula, que empezaba a ruborizarse, antes que se empezase a poner nerviosa se fue al baño. Después de echarse agua en la cara  empezaba a despejarse. Cogió el bolso y lo dejo en el suelo, cerca de ella, cuando por fin se sentó en la silla, vio que había montones de documentos, cartas que repartir, reescribir nuevos informes, etc.

¡Qué coñazo! (pensó a sus adentros). Pues normalmente siempre tenía vistas a su escritorio. Su despacho estaba en frente del de su Jefe, por lo tanto observaba cada movimiento que hacía. Cogió las cartas y fue a repartirlas. Miró el reloj y eran las ocho y media de la mañana. Le llevo más tiempo del que ella pensaba ya que tenía que entregarlas a ciertas personas en mano y el tiempo se la iba de las manos. Cuando llegó a la mesa, vio que faltaban cosas, ciertos documentos ya no estaban.

— Juan, sabes si alguien ha cogido algo de mi escritorio. — Le dije mientras seguía mirando entre papeles

Sólo te puedo decir que el que estaba rondando por tu escritorio llevaba una corbata azul con rayas rojas. — Levanto la vista del ordenador para responder.

Dio una vuelta por los departamentos, como si estuviese buscando a alguien. No encontó a esa persona con la descripción que me había dado Juan, no era gran cosa, pero tenía que encontrar esos documentos sea como sea. El tiempo se la echaba encima, por lo que dejó de buscar y empezó con otras cosas. Dejó los demás documentos aparte, y se puse manos a la obra. Miró el reloj de la pared y eran las nueve, se le paso el tiempo volando y apenas había hecho cosas.

Estuvo leyendo informes, escribiendo nuevos datos que podrían ser factibles en las próximas reuniones. Cogiendo llamadas y citando a gente para confirmar si iban a venir a la reunión de mañana, email, etc.

Paula te vienes a descansar un rato, iba a la cafetería a estirar las piernas — Contesto Juan que se encontraba a mí lado, puesto que no le había mirado, me toco el hombro y di un salto. — Deberías de descansar un rato son las once y a penas has descansado la vista.

Que susto. ¿Cuánto tiempo llevas aquí? — Deje de mirar el ordenador notaba como la cabeza me iba a estallar. Debes descansar tienes los ojos como dos tomates. Venga, ven conmigo y a si te despejas — su mano seguía en mi hombro.

Cerró las carpetas, guardo todo y apagó la pantalla del ordenador, estiro las piernas y se por fin se levantó de aquella silla, notaba como el culo se le iba poniendo más plano. Se acomodo la falda.

Ve preparándome un café cargado que ahora voy. — le dijo mientras iba en dirección al baño

Entró en el baño y se quite los tacones. Abrió el grifo, y notaba como en sus manos caía una ráfaga de agua fría. Cogió un poco de papel higiénico y lo mojo, fue restregándoselo por la cara, el cuello y los brazos. Mis pies se habían relajado un poco al notar el frío suelo del baño.

Mientras que estaba saliendo del baño se desabrochó un botón de la camisa, para así poder ventilar esa zona. Hoy en la empresa hacía tanto calor que tendría que haber ido vestida con menos ropajes. No estaba atenta a quien estaba delante y se tropezó con el pie de alguien que llevaba mocasines color azul marino, igual que el traje. Antes de que se cayese al suelo, alguien puso su mano en la espalda y fue elevándola hacia delante, cuando abrió los ojos se encontraba algo mareada, y pudo ver quien era aquella persona. Todo le daba vueltas...

Lentamente empezó a moverse. Vagamente oía la voz de un hombre. Esa persona se puso delante de ella, y en su cuello notaba su respiración. La agarró fuertemente del brazo y otra mano la puso detrás de la espalda, notaba calor en su piel. Estaba ardiendo. Ya se encontraba de pie y el hombre seguía agarrándola para que se volviese a caer. Y ahí fue cuando poco a poco fue abriendo los ojos. Parpadeo varias veces hasta que vio que esa persona era su jefe, el Señor Francisco. Se encontraron muy cerca el uno del otro. se separó un poco para poder verle mejor.

Cuando estaba separando los labios es cuando oí su voz.
—  Paula, ¿te encuentras bien? — Dijo, mientras sus manos se iban deslizando por la piel hasta llegar a los hombros

Iba notando como se le ponía la piel de gallina. Y de repente sintió frío que le recorría hasta los pies, pero el contraste de sus manos en mí, lo tranquilizo.
Vagamente recuerdo lo que ha pasado, pero en este preciso momento me encuentro mejor. — La contestó mirándole a los ojos — Gracias. — La dijo mientras se separaba de él. Llevaba un traje azul oscuro junto con los tirantes a juego y la corbata con finas rayas de color rojo, una camiseta de color azul más claro que el traje, no se había percatado de que era alto, mucho más alto que ella.

Como agradecimiento por estar a su lado, fue a darle un beso en la mejilla. Cuando se separó y fue caminando a mi escritorio, me percate de que le había dado un beso a mi jefe, me ruborice y sonreí.

Paula ¿dónde te había metido? — dijo Juan a mis espaldas

Se giro y fue donde se encontraba Juan. Tontamente sonriendo vi a mi jefe que seguía estando donde le había dejado, estaba parado y seguía mirándome. Por un momento baje la mirada, pero me dije a mi misma, "que narices, para una vez que alguien me rescata no voy a bajar la mirada, ni que hubiera hecho algo malo”. Así que le sonreí mientras me dirigía a donde estaba Juan. Que se encontraba unos metros detrás de él.

Pues parece ser que me he desmayado y bueno alguien muy agradable me ha salvado. — Mientras que terminaba de hablar con Juan. Paula sin cortarse un pelo giro la cabeza y su Jefe la seguía mirando, pero está vez, con picardía. Juan la cogió del brazo y se la llevo a la cafetería.

Te he preparado el café que me pediste pero tal vez se haya enfriado. — Fue a coger la taza y estaba caliente, sople y di pequeños sorbos, en realidad estaba templado. Aquel té la vino muy bien.

Nada más entrar a la cafetería se sentó, se quite los zapatos y estiro las piernas encima de otra silla, Se encontraba tan bien y a gusto. Que se hubiera quedado allí prácticamente todo el día.

Bueno y ahora estás mejor — cogió una silla y se pudo en frente. — Por cierto has encontrado los documentos que buscabas.
Pues con todo lo que ha pasado no me ha dado tiempo. Ahora en cuanto termine vuelvo a la carga, a ver si encuentro dichos documentos. —  Le contestó dando otro sorbo al té

Pues que se te sea leve y recuerda que aquel hombre tenía la corbata azul con rayas rojas. — La apretó el hombro como dándome ánimos.

Gracias por recordármelo, ya ni me acordaba. — la taza la dejo en el fregadero y mientras iba andando hacia el escritorio le vino a la cabeza cierto momento en el que había visto esa corbata.

Dio un largo suspiro, llamó a la puerta, abrió, y ni se inmuto de que ya estaba delante de su escritorio, se puso nerviosa, nunca se había sentido nerviosa al ver a su jefe. Tal vez era porque nadie había cogido nada de mi escritorio sin antes consultarme.

— Hola Francisco, quería para saber si tienes los documentos. — Levanto la cabeza y otra vez volvía a estar serio.

—Usted me tiene que llamar Jefe, nada de tutearnos. — Respondió seriamente.

Pero que moca le ha picado a este (pensó para sus adentros)
Se quedo impactada cuando hace poco estaba muy amable, en fin. El quería seriedad, pues la iba a tener.
Está bien. Señor Francisco, corrijo Jefe, me gustaría saber porque has cogido ciertos documentos de mi mesa sin haber pedido permiso. — Le dije con seriedad y firmeza.

Asombrado al oír esa voz procedente de mis labios, se levanto y la miro fijamente. Otra vez se sentía como se ruborizaba. Aquella situación la ponía bastante, como la estaba mirando ahora mismo.  Pero estaba vez se ha pasado.

¡Disculpa! — esas fueron sus únicas palabras.

Rígido y serio se mostraba, mirándola fijamente

Lo que oye, no tiene ningún permiso para a ver cogido ciertos documentos sin mi permiso, cuando he estado perdiendo el tiempo buscándolo por otros departamentos cuando en realidad los tenía usted. Así que si hace el favor de devolvérmelos estaría bien, ya que el tiempo se me está echando encima y lo tengo que presentar mañana a primera hora. Que veo que a este paso me voy a tener que quedar esta noche aquí. Además no sé porque los ha cogido cuando ni si quiera están corregidos. — Cuando termino de hablar, tenía la boca seca, así que cogí un vaso de la máquina de agua. Se encontraba fría, como a Paula la gustaba.

Vaya Paula, no sabía yo que tenía esa fuerza para contestarme como lo ha hecho. Me gusta que la gente que trabaja para mí, se muestre como lo has hecho tú. Directa y sin rodeos. Y ante todo con firmeza. — Finalmente se levanto y fue a donde se encontraba.

Esta vez notaba notó más calor en la piel cuando le quito el vaso de entre las manos. Fue acercándose más.
Usted debe de llamarme, Señorita Paula, ya sabe, nada de tutearnos — le contesté con un movimiento de cabeza y un guiño.

De repente la cogió bruscamente de la cintura y la empotro contra la pared. Ella le agarro de la corbata y se la llevo más a su cara, dándole un beso y mordiéndole los labios.

 Seguidamente le beso el cuello mientras que le metía la mano bajo la falda y la bajo las bragas. A  su vez seguía dándola besos y mordiscos en el cuello, notaba un ligero cosquilleo en el que le daba risa y placer y eso la ponía muy cachonda. Empezó desabrochándole el pantalón y notaba como su polla estaba dura como una piedra, fue aprentándole fuertemente mientras le atraía hacía ella, le bajó el pantalón y el bóxer y se la saco, estaba totalmente empalmada, se sorprendió de lo grande que la tenía.

Cuando todo se estaba poniendo interesante, alguien llamo a la puerta. “toc toc” .

Estoy ocupado — Respondió mientras le daba pellizcos en los pezones.

Señor Francisco, el Señor Pérez ya está aquí. — contesto Laura
Joder que oportuno, que tenga que venir justo ahora. — contestó en voz baja Paula. Y rápidamente me tapo la boca, ya que yo quería más, le mordí la palma. Me apretó fuertemente el culo.

Vuelve a decir otra palabrota y tendré que castigarte, señorita — me miro con picardía aunque su mirada me decía otra cosa.

Dile que vuelva dentro de un rato, que estoy terminando de hacer unas llamadas importantes.

Dice que no puede esperar, que tiene un vuelo esta misma tarde. Que le recibe usted ahora o que se marcha. — dijo Laura finalmente mientras volvió a llamar a la puerta.

No entres, ahora mismo le recibo yo. Gracias Laura — respondió con un tono más fuerte

Se aparto de Paula y se subió los bóxer y el pantalón. Yo hice lo mismo.

 —Tendremos que dejar esto para otro momento, necesito atender a este Señor con urgencia. — me agarro del brazo tirándome hacía él, pensando que quería más, pero no fue a si —Sal por esta puerta, que dará a unas escaleras y a la terraza de la cafetería.

Salió del despacho dando un portazo. Con las ganas que le tenía. Si es que todo llega en el momento equivocado. Dejó de darle vueltas al tema y siguió con los informes, cuando había llegado a la terraza, se dio cuenta de que al final no le había dado los informes. Así que decidió seguir con lo que estaba haciendo antes. Encendió el ordenador y tenía un correos suyo.




“Ese portazo ha sobrado, la próxima vez te tendré que castigar. Por cierto te has dejado aquí algo”

De: Francisco Díaz Pino
Empresa: Gespam S.L
Hora: 13:40 p.m


 “Cierto. Iba a que usted me diese los informes y he salido con las manos vacías”

Nombre: Paula Sánchez
Empresa: Gespam S.L
Hora: 13:55 p.m


“Yo no me refería a eso, me refería a tus bragas, que te las has dejado en el suelo. ¿Tan ocupada estás que no me contestas al instante?

Nombre: Francisco Díaz Pino
Empresa: Gespam S.L
Hora: 13:58 p.m


“Ya ni no me acordaba de eso. Te las puedes quedar, estoy mejor sin ellas. Y si, tengo mejores cosas que hacer que estar respondiéndote”

Nombre: Paula Sánchez
Empresa: Gespam S.L
Hora: 14:10 p.m


“No me calientes, que luego acabas mal. Ahora mismo iba a tu mesa y te pondría a cuatro patas y te azotaba. No me gusta que me hagan esperar”

Nombre: Francisco Díaz Pino
Empresa: Gespam S.L
Hora: 14:12 p.m


“Deja de enviarme correos y atiende al Señor Pérez, que para eso me has echado de tu despacho. Y con su permiso. Jefe, me voy a trabajar. Ya iré luego a por los documentos”

Nombre: Paula Sánchez
Empresa: Gespam S.L
Hora: 14:10 p.m


El escritorio estaba enfrente del despacho de su jefe, ahora mismo se encontraba sentado en la silla, delante de su escritorio. La mesa estaba hecha de una medida exacta para el. Con suficiente hueco para poderse tumbarse uno encima

El mismo había puesto la regla de no fumar, pero se la saltaba a la torera. Pues ahora mismo se había levantado para encender un cigarro, mientras que dejaba su mente mirando por el ventanal. Allí enfrente suya se encontraba aquellos rascacielos altos y enormes.
Se le veía cabreado, y tenía un punto de dominante en aquella mirada que le gustaba y mucho.
Ese mismo día tenía que entregarle unos documentos para el día siguiente, ya que tenía una reunión importante.
Dejó de mirarse a sí mismo y empezó a dar vueltas por el despacho. Tenía una estantería llena de libros, y al otro lado tenía una barra de licores.

Siguió reescribiendo unos archivos que la había pedido hace una semana, pero por motivos personales no pudo terminarlos. Se levantó de la silla para ir a la máquina de café. Ya que aquel día se le estaba haciendo largo.

Pasadas las horas. Francisco salió del despacho, con la chaqueta en los hombros, paso por su escritorio y le exigió, que antes de irme a casa tuviera que tener todo hecho y tenía que dejárselos en su despacho.

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