domingo, 28 de agosto de 2016

Llegando a lo más alto, tocando la cima


Habíamos encontrado un mirador, en el que se veía todo el mar y a lo lejos se podía sentir cómo las olas bailaban entre ellas. Las gaviotas volaban bajo el deslumbrante sol que acechaba detrás de nosotros. Si mirabas al horizonte se veían las montañas de la otra playa, cubiertas por la nubosidad que desprendía las nubes, pero se podría apreciar todo. El sitio era espectacular y muy tranquilo. Los árboles y sus hojas se movían con cautela bajo el sonido del aire que se deslizaba entre ellas.

Me encontraba en un sendero que se encontraba bastante rocoso, tenías que tener mucho cuidado para no pisar mal. Las piedras eran muy resbaladizas.

La vida está para arriesgarse. Pero si te arriesgas hazlo para ti, arriesgate a subir una montaña y con muchos km de distancia y altura, porque después de llegar a la cima no sabes lo que te puedes encontrar arriba, sólo sé que después de haberlo hecho te sentirás bien contigo mismo, poder saber que has superado el miedo a las alturas, poder saber que al subir la montaña has podido con tu propio peso y sobre todo sabiendo que te ha costado subir el camino has llegado a la meta, sí, es verdad que la subida siempre es la más costosa, pero una vez arriba es más fácil bajar. 


Ten paz, ten esperanza, ten fé en tí, porque en esta vida todo se pierde, pero si dentro de tí tienes paz interior y tienes la mente vacía, puedes pensar en cosas más importantes que las discusiones que tuvistes hace poco con una amiga, de que la vida en sí es un poco dura y que no encuentras apoyo del que te gustaría, (pero si intentas dejar esos pensamientos fuera de tu mente o por lo menos tenerlos apartados puedes disfrutar más de las cosas que te rodean y sobre todo puedes ocupar tu mente con cosas que a ti realmente te benefician más.)
Tener paz interior es lo que verdaderamente importa, puedes proponerte todo, puedes comerte el mundo, cuenta que hayas tenido experiencias, que hayas podido vivir, disfrutar y sobre todo estar en paz, sobre todo contigo misma, que hayas podido cumplir tus metas que hayas podido vivir.

Por un momento pensé que me había perdido, pero grite y grite y no sé escucho nada, hasta que finalmente se oyó "estoy aquí" y seguí caminando, en busca de esa voz. Por un momento pensé que me había perdido. 

Si mirabas a tu alrededor había más de un camino para poder perderte entre la naturaleza.
Me faltaba el aire, lo bueno de todo es que no pensaba en nada de lo anterior, cada paso que iba dando, la mente se me despejaba más, porque quieras o no tienes que estar atenta a que estás pisando, porque a la mínima que te descuides te tropiezas y puedes caerte cuesta abajo, y la caída habría sido dolorosa. Estaba fuera de responsabilidades, fuera de pensamientos, fuera de ideas, por una vez en mi vida pude tener la mente completamente vacía. Y me sentía muy complacida.

Al principio de todo cuando empecé a subir la montaña, me tropezaba y el sol me daba en la espalda, con sudor, agotamientos, casi sin fuerzas ya que la montaña estaba demasiado inclinada y por mucho que forzaba el cuerpo hacia adelante me daban latigazos en los lumbares, eso era lo peor de todo, pero a pesar del cansancio en general me mantenía activa, me mantenía despierta y por eso supe que no podía parar.

Por un momento pensé: "y si te paras y descansas media hora" pero ese tiempo que pierdes en descansar luego no lo vas a poder recuperar. Así que me dije a mi misma "deja de pensar y sigue caminando, que cuando menos te lo esperes ya habrás terminado y estarás tumbada en la cama, descansando, pero con una sonrisa en los labios por haberlo superado otra vez.
Que si cumples el hecho de haber superado "la prueba" de haber llegado a la cima, quiere decir que cualquier meta que te propongas puedes llegar alcanzarla, aunque tardes y el camino sea pesado o largo, pero lo importante es que llegues y sobre todo que no te rindas.

Finalmente llegué a la cima. Respiraba con dificultad, me senté en la piedra más plana que vi y me senté a descansar. Pasado un rato me levante cuidadosamente y alcé la vista al frente.



Y esto fue lo más hermoso y placentero que pude llegar a ver ese día. Y si te girabas un poco hacia la izquierda podías ver todo Laredo, la costa, barcos zarpando con turistas, barcas desperdigadas por el mar en busca de pescar algo bueno para la noche. Diminutas casas y al fondo las siluetas de las montañas.

Volví la vista al frente, cerré los ojos y respire. Sonreí. El viento soplaba a todo aquel que se ponía en su camino.

Al darle la vuelta a esa preciosidad de vistas, fuimos en busca de otro camino que nos llevará al final de la ruta. El siguiente camino era cuesta abajo, después de caminar bastante encontramos un camino ancho de pequeñas piedras grises. Yo iba muy lenta a la hora de caminar, quería fotografiar cada zona. Mi acompañante se encontraba muy lejos. Decidí bajar corriendo. Paraba cada cierto tiempo, pues si corría más deprisa podría tropezar y caer en picado. A lo lejos le vi, estaba de pie mirando al frente. Volví a correr, y era otro mirador. Cuando estuve a su lado,nos quedamos juntos mirando el mar. Solo se veía el mar, tenía un azul oscuro, el mar estaba tranquilo, apenas tenía olas. Corría más aire. Y a pesar de no llevar puesta la camiseta se estaba muy bien. Respire hondo y di un largo suspiro,


Seguimos bajando en aquel camino. A medida que íbamos caminando, se  podía seguir apreciando el mar. Hasta que llego un punto en el que solo se veía árboles y entre pequeños huecos corría el aire hacia nosotros. Los leves bufidos del aire nos ayudaba a bajar con un poco más de rapidez. La bajada se nos hizo corta, cuando nos quisimos dar cuenta ya estábamos en un pequeño mirador donde había coches aparcados y gente en compañía disfrutando de aquellas maravillosas vistas. 





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